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El esfuerzo es esencial, pero siempre, el éxito también necesita un pequeño toque de suerte.

Hoy quiero hablarte de la suerte. Esa a la que los antiguos llamaban la diosa Fortuna y que, al parecer, solo sonríe a unos pocos, sin distinguir entre personas buenas o malvadas. Para mí —y para muchas otras— eso siempre ha tenido algo de injusto.

Por eso he llegado a una conclusión clara: si la suerte no está por la labor, habrá que buscar otro camino. Uno más realista y, sobre todo, más humano. Un camino en el que el destino nos sea favorable, no por azar, sino por elección. Por ejemplo, eligiendo bien a las personas que nos acompañan en nuestra caminata por la vida.

Si llevas tiempo siguiéndome, ya sabes que para mí la motivación no es un lujo, es una necesidad. Rodearnos de personas que nos inspiran, que nos impulsan y nos recuerdan quiénes somos cuando dudamos, marca la diferencia.

Por eso, en este blog —pensado para ti— no podía faltar un espacio dedicado a la motivación. Un lugar donde recordar que, incluso cuando la suerte parece ausente, siempre podemos elegir cómo y con quién avanzar.

A menudo necesitamos una mano amiga que nos ayude a ver el sol, incluso cuando el cielo está lleno de nubarrones. Pero también me gusta ser realista y compartir contigo mi opinión sincera sobre algunos temas. Hoy quiero hablarte de la suerte.

¿Existe la suerte? ¿Es necesaria para triunfar en la vida? ¿Es suficiente trabajar duro y perseverar en nuestros objetivos para alcanzar el éxito? ¿O también necesitamos ese famoso «factor suerte»?

Personalmente, creo que sí: necesitamos al menos un 10 % de suerte para lograr nuestras metas, incluso cuando hemos trabajado hasta la extenuación. Se suele decir que la suerte sonríe a quienes se esfuerzan, perseveran y son capaces de ver las oportunidades presentes y futuras —lo que hoy llamamos ser «visionario»—.

Pero me pregunto: ¿es realmente así? ¿Basta con trabajar duro para que la vida te sonría y el éxito toque a tu puerta?

No soy psicóloga ni filósofa, pero quiero compartir un ejemplo que, espero, te ayude a entender por qué creo que la suerte sí importa, aunque sea en pequeña medida.

Hablemos de niños. Cuando se trata de adultos, podemos decir que «Pepe trabajó más que Juan y fue más persistente en alcanzar su objetivo», y por eso logró triunfar. Pero en el caso de los niños, todo depende en gran medida de la familia en la que nacen o en que son adoptados, y eso no está en sus manos.

Seré franca: ¿sabes cuántos niños son adoptados? Según el periódico La Razón, en 2023 se adoptaron en España un total de 747 niños: 555 mediante procesos nacionales y 192 provenientes de otros países. Sin embargo, no todos ellos acabarán en buenas familias, a pesar de haber sido escogidos. Porque, aunque todos queremos pensar que una adopción se hace por amor al menor y para ofrecerle una vida mejor, lamentablemente no siempre es así. Basta recordar el caso de Asunta.

Ahí vemos claramente cómo la suerte —esa que algunas personas exitosas aseguran que «no existe»— puede marcar una enorme diferencia. Algunos piensan que todo depende del esfuerzo personal, como si fueran los únicos que se esfuerzan, trabajan duro y perseveran. Pero la verdad, es que Asunta, no tuvo esa pequeña dosis de fortuna que podría haber cambiado su destino. Otras niñas adoptadas en la misma época sí tuvieron la suerte de crecer en entornos sanos y amorosos.

Estoy segura de que habrá quien diga que «la niña no perseveró» o «no supo querer a sus padres», pero para mí la realidad es otra: la suerte, o la diosa Fortuna, solo acompaña a unos pocos, y no importa lo buena persona que seas, lo inteligente que seas, o lo mucho que trabajes y luches por tus sueños.

Eso sí, no quiero que pienses que te estoy diciendo, que no debas esforzarte o que debes quedarte esperando a que el éxito llame a tu puerta. Todo lo contrario: sigue trabajando, sigue luchando y sigue soñando. Pero también quiero que recuerdes que, si no alcanzas el objetivo que te has propuesto, eso no te convierte en una persona fracasada, vaga, poco perseverante o sin visión. Simplemente, significa que, esta vez, la suerte decidió no acompañarte.

Y eso, querida Curly, también es parte del camino. No te rindas.

Curly. Sé que trabajas muy duro. Así que te envió mucha suerte. Hasta el próximo post.

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