
Foto de Mohau Mannathoko en Unsplash
Una invitación a reconocer tu esfuerzo y honrar tu propio camino
Hoy quiero hablarte de una idea que muchas hemos escuchado alguna vez: que basta con confiar, con hacer las cosas bien, para que al final todo salga como esperamos.
Nos lo han dicho de mil maneras. Que todo se coloca en su sitio. Que el tiempo lo arregla todo. Que si crees lo suficiente, el resultado llegará.
Ojalá fuera así de sencillo.
La realidad —y es mejor decirla sin rodeos— es que muchas cosas en la vida no salen como las planeamos. A veces ni siquiera salen. Y cuando lo hacen, lo hacen torcidas, tarde o de una forma que no habíamos previsto. Como ese día en que el hombre del tiempo te asegura, con una sonrisa, que será soleado… y una hora después estás empapada bajo una lluvia inesperada, preguntándote si el error fue suyo o si la vida te está poniendo a prueba.
Eso también forma parte del camino.
Puedes haber hecho todo bien. Haber tomado decisiones conscientes, haber reunido toda la información, haber puesto intención y esfuerzo. Y aun así, el resultado no siempre será positivo. Aceptarlo no es rendirse; es madurar.
Pero —y esto es clave— nada de eso debería impedirte celebrar lo que sí sale bien.
Celebrar tus decisiones acertadas.
Celebrar los proyectos que llegan a buen puerto.
Celebrar esos pequeños y grandes logros que, aunque no sean constantes, existen.
Como mujer negra, muchas veces hemos aprendido a seguir adelante sin pausa, a pasar por alto nuestros avances, a minimizar lo que conseguimos porque siempre hay algo más urgente, algo que resolver, algo que demostrar. Y eso tiene un coste.
Por eso es importante detenerse y reconocerlo. Decirte, con claridad y sin culpa:
Bien hecho. Estoy orgullosa de mí.
Celebrar puede ser algo sencillo o algo grande. Un regalo que llevabas tiempo posponiendo. Un paseo sin prisas. Un libro. Una cena especial. Un viaje. No como premio superficial, sino como acto de respeto hacia tu propio esfuerzo.
Porque cuando te reconoces, te refuerzas.
Y cuando te refuerzas, sigues avanzando con más claridad y más fuerza.
Es exactamente lo que ocurre cuando un niño, después de mucho esfuerzo, alcanza una meta y recibe una recompensa: no solo se alegra, también aprende que su trabajo tiene valor y que merece la pena seguir intentándolo. En la vida adulta, las metas son más difusas y las cargas mayores, pero el principio es el mismo.
Si has logrado algo que te ha llevado tiempo, energía y constancia, celébralo. Hazlo a tu manera. Hazlo consciente. Hazlo sin pedir permiso.

La vida que mereces – Nina Mory
(La vida que mereces está firmado como Nina Mory, el seudónimo literario que utilizo para mis libros de desarrollo personal y motivación.)
Si estás en este punto de tu vida, quizá ya te hayas dado cuenta de algo importante: confiar en que “todo saldrá bien” no siempre es suficiente. A veces hace falta aprender a reconocerte, sostenerte y celebrar cada paso que das, incluso cuando el camino no ha sido fácil.
Por eso, además de La vida que mereces —mi libro de desarrollo personal, firmado como Nina Mory—, quiero compartir contigo otras lecturas que refuerzan esta misma filosofía: aprender a confiar en tu propio proceso, tomar decisiones conscientes y valorar los logros que construyes día a día.
No se trata de imitar vidas ajenas ni de perseguir modelos imposibles, sino de encontrar referencias que te inspiren a avanzar con más claridad, autoestima y sentido.
Los enlaces son #patrocinados: al utilizarlos no solo accedes, ha contenido que puede aportarte claridad y motivación, también contribuyes a que este blog siga siendo un espacio gratuito, cuidado y pensado para ti.
Porque este espacio existe para recordarte algo esencial:
tu camino importa, y tú mereces reconocerlo.
Una lectura que te recuerda la importancia de reconocer y celebrar cada logro, incluso aquellos que solo tú sabes lo que han costado.
Un libro que no invita a imitar una vida ajena, sino a reflexionar sobre cómo confiar en el propio camino, incluso en la incertidumbre.
Curly, espero que este post te ayude a tomar conciencia de algo fundamental: tus pequeños y grandes logros importan.
Y merecen ser celebrados.
Hazlo con alegría. Reconócelos. Recuérdate lo mucho que vales y el camino que has recorrido para llegar hasta aquí. Y si puedes, regálate algo. No importa si es pequeño o grande; lo importante es el mensaje que te envías: me lo merezco.
Celebrarte no es un capricho. Es una forma de cuidarte, de reforzar tu autoestima y de seguir avanzando con más fuerza y claridad.
Nota: no olvides decirte cada mañana una o varias frases afirmativas.
En el próximo post de motivación te compartiré un listado de afirmaciones para que te resulte más fácil integrar este hábito en tu día a día.
Un abrazo grande.
Hasta el próximo post.




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