
Reflexiones sobre memoria histórica, racismo y la importancia de prepararnos para el futuro sin olvidar el pasado.»
Hola, hoy voy a hablarte de una realidad que, quizás, al escucharla, te haga llegar a la conclusión prematura de que soy una persona alarmista.
Y supongo que, si hace unos años hubiese encontrado este tipo de artículo en un blog, yo también me habría alarmado, llevado las manos a la cabeza y, probablemente, habría llamado exagerada, como poco, a la persona que lo escribía.
Pero los tiempos han cambiado.
Vivimos en una Europa en la que la ultraderecha comienza a recoger de nuevo los frutos de semillas sembradas hace décadas. Semillas que parecían dormidas, enterradas para no germinar nunca y que, sin embargo, hoy vuelven a brotar alimentadas por el miedo, el resentimiento y el odio.
Desde España, puerta del continente europeo, hasta Rusia, en los confines de Europa, vuelven a escucharse discursos contra quienes tienen la piel más oscura que una bolsa de papel. La negritud se convierte en sospecha. El origen africano, en estigma.
Sí, ser negro o negra y africano parece haberse convertido, para algunos sectores, en el símbolo de la delincuencia y de una supuesta pobreza importada. Esas son las consignas de quienes reciclan viejas ideas supremacistas bajo nuevos nombres y nuevas banderas.
Y no solo participan personas blancas en estos discursos. También hay personas negras, (porque el odio a uno mismo nunca ha sido tan rentable como en estos tiempo de internet) que se han sumado a la idea de que únicamente quien es blanco y europeo merece disfrutar plenamente del bienestar social, económico, sanitario o educativo. Como si la dignidad humana tuviera color o nacionalidad.
Por eso vengo a hacer un llamamiento: despertad.
Preparaos para abandonar, si fuera necesario, aquellos lugares que hasta ahora han sido vuestros hogares. Preparaos a nivel mental, emocional, económico, educativo y profesional.
Porque puede llegar un momento en que ser afroespañol no sea suficiente para quienes nunca os considerarón parte de la sociedad. Un momento en que vuestra documentación o vuestra nacionalidad sea papel monjado y no basten para protegeros del rechazo o la exclusión.
No es una invitación al miedo. Es una invitación a la preparación.
La historia nos ha enseñado que los derechos que hoy parecen firmes pueden erosionarse. Y también nos ha enseñado que el racismo nunca desaparece del todo: cambia de forma, de lenguaje y de estrategia.
Las grandes tragedias no empiezan de un día para otro. Comienzan con palabras. Con discursos que señalan a un grupo como culpable de los problemas de una sociedad. Con el miedo convertido en política.
La historia documenta que la trata transatlántica de esclavos implicó el secuestro, el transporte forzoso y la esclavización de millones de africanos durante varios siglos. Millones de personas murieron durante las capturas, las marchas hacia la costa, el transporte marítimo y las condiciones de esclavitud.
El primer gran trauma histórico de las personas negras fue ese secuestro masivo de hombres, mujeres y niños africanos. Un sistema que deshumanizó a generaciones enteras y cuyas consecuencias todavía siguen presentes.
Algunos intelectuales y activistas africanos y afrodescendientes han descrito la trata esclavista y sus consecuencias como un «holocausto africano» o «Maafa», para subrayar la magnitud del sufrimiento humano causado por siglos de esclavitud y colonización.
Aún hoy, muchos descendientes de aquellas víctimas continúan reclamando memoria, justicia y reparación por los siglos de esclavitud, colonización y expolio del continente africano.
Pero no bastando con esa gran masagre y sufrimiento humano. Esas mismas potencias europeas colonizaron gran parte de África y explotaron recursos y poblaciones locales. Los pueblos colonizados sufrieron violencia, trabajo forzado y represión en distintos contextos coloniales.
La historia también documenta que soldados africanos participaron en las dos guerras mundiales bajo administraciones coloniales europeas. Muchos lucharon y murieron en conflictos que no habían comenzado ellos.
Por eso debemos permanecer atentos.
Porque sabemos lo que ocurre cuando a un pueblo se le niega su humanidad. La historia ha demostrado que, cuando una persona deja de ser vista como plenamente humana, se abren las puertas a la explotación, la segregación y la violencia.
Hoy vemos cómo en distintos países europeos aumentan las políticas de deportación, se endurecen las leyes migratorias y se amplían centros de internamiento para personas migrantes. Algunos observadores ven en estas medidas señales preocupantes de un retroceso en derechos humanos.
No sabemos qué ocurrirá en el futuro. Pero sí sabemos que la historia puede repetirse cuando las sociedades dejan de estar vigilantes.
Por eso debemos prepararnos: no desde el miedo, sino desde el conocimiento, la unidad y la dignidad.
Y, sin embargo, a pesar de todo lo vivido y aprendido, seguimos dormidos.
Por eso os grito: despertad.
Preparad a vuestros hijos para enfrentarse a los desafíos del futuro con inteligencia, conocimiento y dignidad, como hicieron figuras como Martin Luther King Jr., Nelson Mandela, Rosa Parks, Léopold Sédar Senghor, Desmond Tutu, Sojourner Truth, Angela Davis, Katherine Johnson, Marian Croak, Miriam Makeba o Maya Angelou.
Porque, a diferencia de quienes siembran odio, nosotros hemos demostrado una y otra vez que se pueden conquistar derechos sin empuñar armas. Con organización. Con educación. Con resistencia. Con humanidad.
Porque tenemos memoria.
Porque tenemos historia.
Porque tenemos la razón y la dignidad de nuestro lado.




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