
Cómo aceptar los planes que se vienen abajo sin añadir culpa al malestar.
Hola.
Tenía cuatro días libres, un cumpleaños por celebrar y una escapada en mente. Por una vez, el calendario parecía haberse puesto de mi parte.
Mi primera opción era Egipto. Pero, como quiero recorrerlo hasta sentirme vecina de Cleopatra y no limitarme a saludar a las pirámides desde un autobús, decidí reservar ese viaje para otra ocasión. Esta vez me conformaba con una escapada a Olite.
Entonces llegó la enfermedad. Sin invitación y con intención de quedarse.
Fiebre, vómitos, una tos que no me dejaba dormir y un cansancio que convertía cualquier movimiento en una expedición. En lugar de preparar la maleta, acabé pasando mi cumpleaños entre medicamentos, pañuelos y un inhalador. El cóctel tropical tendrá que esperar.
Y Morfeo debía de estar de vacaciones en las Bahamas, porque por mi dormitorio apenas apareció.
Lo que más me frustraba, además de encontrarme mal, era haber perdido unos días que llevaba tiempo esperando. También me había quedado sin asistir a un evento de empresa que me hacía ilusión. Todo parecía haberse torcido a la vez.
Supongo que conoces esa sensación: haces tus planes, organizas los días, intentas cuidarte… y algo que no puedes controlar lo cambia todo.
Entonces llega el enfado.
«¿Por qué ahora?».
«¿Por qué tenía que pasarme a mí?».
«Con las ganas que tenía…».
Me habría gustado llorar y protestar con energía, pero ni para eso tenía fuerzas.
Descansar también cuesta
Una cosa es saber que necesitas parar y otra aceptar que tus días libres van a transcurrir entre la cama y el sofá.
Cuesta renunciar a lo que habías imaginado. Cuesta mirar la maleta vacía. Y cuesta descansar cuando una parte de ti sigue pensando en todo lo que podrías estar haciendo.
Pero había algo que me estaba agotando todavía más: discutir mentalmente con lo que ya había sucedido.
Ninguna de mis protestas iba a devolverme el cumpleaños ni a colocarme, por arte de magia, en una terraza de Olite. Solo conseguían que, además de enferma, estuviera enfadada.
Así que decidí hacer algo que yo llamo entregárselo a la vida. Como te lo cuento el post cuando la enfermedad trastoca tus planes
Para mí significa reconocer: «Esto ha pasado, me fastidia y ahora necesito ocuparme de cómo estoy». Seguir cuidándome, descansar y dejar para después las decisiones que pueden esperar.
Sin obligarme a encontrar una enseñanza maravillosa entre un ataque de tos y el siguiente.
Los planes pueden esperar su turno
Todavía no me encuentro del todo bien mientras escribo estas líneas. Me habría gustado contarte un cumpleaños distinto, con una escapada y alguna anécdota más glamurosa que mis ojeras.
Pero este ha sido el que me ha tocado vivir.
Ahora necesito recuperarme. Después podré decidir cuándo celebrar, adónde viajar y qué planes retomar. Que una ilusión se aplace no significa que haya que abandonarla.
Si tú también estás atravesando unos días en los que todo parece haberse detenido, quizá te ayude darte ese margen. Sin exigirte estar de buen humor ni aprovechar cada minuto del descanso. A veces, bastante tenemos con pasar el día.
Una lectura para acompañar la pausa
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En esos momentos, cuando apetece leer, un libro puede ofrecernos un rato de compañía y otra perspectiva sobre lo que estamos viviendo.
Por eso, la lectura que te propongo este jueves conecta con esta reflexión: cómo afrontar lo inesperado y seguir adelante cuando nuestros planes cambian.
Mientras llega Egipto, recordamos Panticosa
Pensar en los viajes pendientes también me lleva a recordar los que ya he disfrutado. Como mi escapada a Panticosa, en el Pirineo: un destino muy distinto de Egipto, pero con sus propios motivos para hacerle un hueco en nuestros planes.
Si te apetece acompañarme un rato, te dejo el episodio del podcast en el que te cuento aquel viaje.
Escucha mi escapada a Panticosa 🎧
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Egipto 8: Rutas detalladas, las mejores experiencias, mapas y consejos de expertos (Guías de País Lonely Planet)
Preparar un viaje puede mantener viva la ilusión mientras esperamos el momento de hacerlo. Pero hay días en los que los imprevistos pesan más y necesitamos ocuparnos de cómo nos sentimos.
Si estás pasando por uno de esos momentos, mi guía «Qué hacer cuando todo se desborda» te propone un espacio de escritura y reflexión para parar y poner en orden lo que estás viviendo, a tu ritmo.

Y tú, ¿cómo llevas que la vida te cambie los planes cuando ya lo tenías todo organizado? Mandame tu respuesta a mi Instagram @curlymangue




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